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martes, 25 de noviembre de 2014

Rosa....(por noa)

Rosa de angelical cultura
Eres de gran sentimiento
Te llevo en mi pensamiento,
Porque eres toda hermosura.

Te llevo en mí sin atadura,
Porque eres hilo sabio en sarmiento,
Aunque haya vendavales los vences con estremecimiento,
Porque llevas en ti una potente arquitectura.

No eres para nada presumida
El morir desdeñas
Y nunca seras encogida.

Lo dicen tus dulces señas
Sabes aprovechar la vida
Viviendo como tu la enseñas.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

LA MAESTRA (por noa)

Armonía gritó brincando:

- ¡Niñas! ¡Buenas noticias! No hay clase. ¡Nos vamos de paseo!.

Y dando una vuelta sobre sus talones, dibujó la más graciosa pirueta que viera el universo. El enjambre de infantiles niñas coreó:

- ¡Bien de paseo!
- ¡Bien, bien , bien!

Tijeras, dedales, telas y carretes lucieron, en el aire, sus piruetas acrobáticas.

- Rocío coge tu dedal.
- Alejandrina no te olvides de la goma.
- Andrea no te vayas a dejar el lápiz.
- Armonía, siempre descontentadiza, escuchó, sin alterarse, tales demostraciones de júbilo. Bueno, niñas. No sé para que armáis tal guirigay. El paseo se reducirá a buscar una nueva colección de insectos. Hoy buscaremos, coleópteros, aclaró a las niñas e hierbajos para el herbolario. La algarabía tomaba desmedidas proporciones. Todas querían hablar y ninguna tenía la virtud de escuchar.

Con quién iremos y Guadalupe haciendo mofa... sosteniéndose en un solo pie, comenzó a recorrer las clases, cantando: “A la pata coja lo volvió a ganar...”. Eran muchas las niñas que la seguían en tan incómoda postura, cantando el burlón estribillo. María se indignó, roja su carita de la ira. Vaya, pues no sé el porqué os burláis así. Doña María Cruz es bien buena y bien guapa. Pero es coja contestó: Guadalupe. A lo que repusó María, -además hace unas labores, preciosísimas, que ya quisieras hacer tú-.

- Bueno, no te metas a redentora, dijo Guadalupe.
- Quiero y me da la gana. Contestó, María
- ¡Cursi!
- Gritó iracunda Guadalupe.
- ¡Meticona!
- ¡Holgazana!, respondió María.
- ¿Yo?
- Sí... Tú...
- Pues mira para que rabies.

Y volviéndose a poner en postura de cigüeña pensativa, cantó por segunda vez.

- A la pata coja, perdí mi caudal, a la pata coja, lo volví a ganar...

Aquella diablesa de malvados sentimientos, capitaneaba a muchos diablillos que aplaudían y coreaban sus fechorías.

Iban detrás cantando:

- A la pata coja...

Cuando abriéndose la puerta apareció doña María Cruz, a quien no escapó la burla de la que estaba siendo objeto. La misma burla de tantas y tantas veces.
Seria y altiva, sus ojos pasaron revista a las allí congregadas. Luego los detuvo un momento en Guadalupe. Pero ésta atrevida e insolente, recogió la mirada con gesto de desafío.

Era doña María Cruz, alta y de recia constitución. Su cuerpo, lleno de gracia, pregonaba salud. Sus ojos negros y grandes, soportaban dos arcos de cejas bien pobladas. Morena la tez. El pelo muy negro, liso y brillante, caía sobre su nuca, en gracioso rodete. Bellas y finas sus manos. Dulce y severa. Alegre y melancólica al mismo tiempo. Poseía el don de adaptarse a los papeles de juez y madre para con sus discípulas, a las que amaba tiernamente.


Exclamó:

- ¡De paseo! Y las chicas cruzaron, tumultuosas, la puerta de hierro.

Ante todas y como jefe de la banda marchaba Guadalupe, quien guiñaba sus ojos tan pronto a la izquierda como a la derecha, imitando los andares de la maestra.
Ya iban lejos y en pleno: las siluetas dibujaban en el suelo la grotesca burla.
María no se apartaba de doña María Cruz, arrancando a su paso matorrales y pedruscos que pudiesen entorpecer su paso y lastimarla. Con ellas iban otras niñas buenas, a las que la bondad y sabiduría de la maestra, estaban por ella cautivadas.
No corráis tanto... niñas, pero la voz de la maestra perdíase en el vacío. Las niñas iban de un lado para otro, y en vano doña María Cruz pretendió alcanzar a la alocada muchachería. Sus piernas querían ser ligeras, dibujar saltos, pero cada vez sentíase más pesada, hundiéndose su pobre cintura a cada paso, jadeante el cuerpo a los prestos movimientos.

El sol, siempre enamorado de la infancia, la contemplaba descaradamente. Era un sol fuerte y dorado, que envolvía las figuras adolescentes con esplendores de oro. El cielo de junio se pintaba de azul. Los pájaros cantaban una nueva sonata. Las zarzas, tan floridas estaban, que sus flores ocultaban las muchas espinas. Ladera abajo, los árboles mostraban su fecundidad. Cerezas, manzanas y peras, exibían sus cuerpos verdes, prometedores pronto de espléndida madurez.

El río más abajo aún, venía poco caudaloso, lamiendo huertos y vegas, y todo el paisaje cantaba la sinfonía del verano.

Y de repente doña María Cruz se dio cuenta de que el tren llegaba con paso de atrevida alfombra... sólo veía el tren, y allí junto a la vía, de espaldas al peligro, estaba Guadalupe, muy entretenida, agachado su cuerpo, buscando algo. Las niñas no se percataron, que se acercaba el filo de la muerte. Sólo vieron a doña María Cruz desprendiéndose de ellas y correr, correr, correr... como no pudieron jamás haber creído. Subía la loma sostenida en una pierna, ágil como un cervatillo. Saltó la distancia en breves segundos, respirando dificultosamente, jadeante... Al fin pudo coger el vestido de Guadalupe y arrastrarla consigo. Ambas rodaron ladera abajo. El pitido del tren estremeció la angustia de los corazones. Las niñas seguían aterradas, pues habían visto la muerte cernirse sobre sus cabezas... el peligro pasó.
Hubo unos instantes de silenciosa emoción. Guadalupe sentíase avergonzada.

Rompió el silencio la voz dulce de la maestra: Un momento más y te quedas coja, como yo.
Sentadas en la hierba formaban un corro encantador, agrupándose más y más cerca de aquella mujer que, en esos momentos, se les aparecía como una heroína. Todas las niñas sintieron despertaba su piedad. ¡Pobre doña María Cruz!. Pero la maestra, sonriendo, dijo:

Escuchad... Voy a contaros una historia, que hasta hoy nunca os conté…


Yo era una muchachita de diecisiete años. Decían que era guapa, y creo sinceramente que tenían razón. Fuerte y robusta. Cantarina y bulliciosa. Así era yo.
No conocí a mi padre. Mi madre deliraba por mis hermanos y por mí. Mis hermanos: Jesús y Juan, colmaban todos mis caprichos. Jesús fue pintor. Juan ingeniero. Yo había terminado mi bachillerato brillantemente, pues he de deciros que me encantaba el estudio.

Aquel día se celebró, en mi casa, con grandeza...

Por la tarde me llamó mi madre a su gabinete. Un estudio sencillo, mi madre odiaba el lujo y la ostentación, en cambio, cómo adoraba las flores, había buena cantidad de margaritas, amapolas, violetas, un árbol cuajado de camelias, rosas y clavelinas criados en nuestro huerto.

Doña María Cruz, siguió diciendo. Me senté en una butaquita a sus pies, y noté algo extraño en su voz... cual si estuviese velada por la inquietud y emoción, cosa rara en ella, siempre tan serena y tranquila, grave, pero jamás agria. Hija mía dijo has terminado, tu bachillerato y C.O.U con brillantez. Eres la primera en la academia. Estoy muy orgullosa de ti. Se detuvo... Y yo me preguntaba qué irá a decirme. Y... siguió diciendo: eso no es más que el primer peldaño de una escalera a subir. Tus hermanos han acabado sus carreras, y deseo que tú también curses la que desees. Eres rica, más de lo que supones, pues la herencia de vuestro padre, gracias a mis desvelos y economías la he duplicado. ¡Eres rica!. ¿Y qué?. La vida nos ha enseñado, con sus luchas y guerras, que la fortuna es como un tobogán y tan pronto lo vemos subir como bajar. El dinero se escurre de nuestras manos. Lo único seguro es "el saber" que llevamos con nosotros. Por lon tanto, quiero verte en condiciones, de ser autónoma y libre ante la vida. Y he pensado en tres carreras, muy apropiadas para ti... me dio tres carreras a elegir. Piénsalo bien y dime tu decisión.

Por la noche no podía dormirme, no me gustaban esas carreras, puesto que desde siempre quise ser maestra. A la mañana siguiente así se lo hice saber a mi madre. Entonces puso el grito en el cielo... diciendo cosas cómo... estás loca, ¿tú sabes lo que es el sacrificio del magisterio?. Lucha, renunciamientos. Y... sin pensarlo dos veces le respondí: ¡Es tan hermosa la infancia!. Mi madre continuó diciendo: La fruta de la ingratitud es una fruta muy frecuente en el árbol humano. Pero no hay nada más ingrato que la enseñanza. Tu trabajo estará lleno de espinas. En ese momento la interrumpí, y le dije razonando con vehemencia, ¿no vale nada, no vale nada alumbrar el alma, la inteligencia, moldear los corazones y formar personitas, que en un futuro sean personas que son para la humanidad y por la humanidad?. Seré maestra. ¡Amo a los niños!. Mi madre accedió a mis deseos. Fui maestra. A los veintidós años me seguía un grupo de pequeñajas. ¡Qué feliz era!. Nada me faltaba: Salud, bienes económicos y sobre todo, había realizado mi ideal. Me debía a la infancia. Me llegué a creer madre de aquellas niñas, cuando un día...
Precisamente fue en un junio como éste. Salimos de paseo. Mis piernas jóvenes y mi jóven corazón me volvían alegre en extremo. Corrimos, cogimos ramos de margaritas, amapolas y violetas, formamos diademas de florecillas silvestres.

También el río lamía la vega, los huertos, y la loma salpicada de fresca hierba se adornaba con soñadoras margaritas.

De pronto, un silbido retembló en mis oídos. Alcé la cabeza y le vi venir... Con su boca llena de humo y sus ruedas roncas de tanto caminar.

- ¡El tren venía el tren!

Y... allí pegadita a la vía, jugando con las piedras, estaba Xana. Doliéndome el corazón de tanta fuerza como repicaba, corrí, corrí, corrí, trémula, ciega de dolor, loca de emoción.

-Xana- llame en son de aviso. Trepé, me harañé por la loma como una cabrita. Pisoteé furiosa la hierba, me mordía los labios, sentí fuego en mi sangre. Ya llegaba... en un esfuerzo sublime, cogí a la niña con mis manos tirando de ella con todas mis fuerzas. Rodamos por la tierra... El tren ya estaba lejos. La niña fue salvada, pero mi pierna derecha quedó rota. Ya no quiero seguir contando... no quiero seguir recordando aquellos momentos. Así que ya sabéis porque soy coja.

Las últimas palabras de doña María Cruz fueron dichas en voz muy baja, con serenidad, sin titubeos, sin percibir en ellas la emoción. Se diría que su historia, era una historia no perteneciente a ella. Sus negros ojos miraban en silencio emotivo a lo lejos, como cautivados, por la belleza del paisaje. Las niñas escucharon el relato sin parpadear con un silencio cautivo. Al final un susurro impreciso, como un rebullir de percalillos, el azotar la brisa los grandes lazos blancos que se cernían, en las cabezas de cada una de las niñas.

Poco a poco fueron apiñándose tanto, que la maestra semejaba la pulpa de aquel delicioso fruto humano. De pronto, estalló un sollozo... Era Guadalupe, la que abriéndose paso entre todas, cayó a los pies de doña María Cruz y cubriendo de besos sus manos, repetía:

- ¡Qué buena es usted, doña María Cruz! ¡Qué buena! Perdóneme usted.

Entonces, sí... Entonces asomó una lágrima a los ojos de la maestra.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Talla en madera (por Anthony)

Os envío esta cosa tan bella que obra en mi poder, es una pieza única
tallada en madera, única porque el creador solo hizo esta, única porque su creador está
fallecido, es especial para coleccionistas, espero os guste.

Anthony.



domingo, 24 de febrero de 2013

Sobre el "mi" Andrés Henestrosa (enviado por Jaimolas)


 

Muy niño yo, una criatura yo, sin saber por qué no debía hacerlo, aunque si por qué podía, me entré en una casa a la que no estaba invitado. Era la casa de un tío mío carnal. Por eso digo que podía hacerlo, si bien no debía. Más de medio siglo ha pasado y todavía tiemblo al recordarlo. Ni un solo día han dejado de resonar en mí, igual que ocurre con una casa abandonada, de la que no se van las voces de las últimas gentes que la habitaron, las palabras que aquel día, aquel mediodía, oí. Pero no anticipemos los hechos. Es mejor contarlo como enseña la vida, como procede la realidad: del número uno en adelante, de la primera a la última letra. Sucedió, pues, que yo era huérfano de padre, que debía faltarme pan y otros ojos que me vieran, que no fueran solo los maternales, todos llenos con las imágenes de otros cinco hermanos. A eso creo que fui a la casa ajena, a la de mi tío: a buscar otras palabras, otras miradas, acaso una sonrisa, alguna cosa distinta a las que tenía en la casa familiar. A buscar alegría no tristeza, no llanto. Porque a reír aprendí; a llorar siempre supe.

Mi tío no había tenido hijos. Y como es regular por mi tierra, adoptó a una sobrino de su mujer, en vez de a uno suyo, a un hijo de su hermano Arnulfo, a mí, por ejemplo; con lo que se hubiera aliviado, de paso, una carga a una pobre viuda, su cuñada.  La esposa de mi tío, a la que llamaremos Zenaida, y mi segunda madre dentro de la tabla del parentesco indígena, era una mujer de humilde, de humildísimo origen; una a quien el matrimonio sacó de la nada, para convertirla en ama y patrona. Al cambiar de estado civil, al pasar a casa pudiente, que de ninguna manera puede decirse que rica, varió de carácter, se trastornó, se descoyuntó su ánimo: una mujer altanera, vanidosa, soberbia se volvió Zenaida, ahora Doña Zenaida. Pero niño yo, criatura yo, cómo iba a saberlo. Entré, así, inocente, en un descuido de mi madre, a su casa, contigua a la nuestra, por un portillo del tecorral que limitaba las casas de los otros dos hermanos que eran de mi padre.

Era el mediodía, según creo recordar. Mi tío estaba ausente. Mi primo, el hijo adoptivo, niño de mis mismos años, estaba sentado en una silla muy alta, hecha especialmente. Todo él vestido de limpio, peinadito, calzado: igualito a una de esas estampas de niño, que más tarde vine a ver, anunciando algún primor de traje infantil, de alimentos; así estaba mi primo, al que llamaré Wenceslao, o Uvence, como por allá se dice. Tomaba a esas horas sus alimentos: en plato de loza, con cuchara, tenedor y cuchillo, no en trastos de barro, en jícara y con los dedos, como yo lo hacía. Nada me dijo Doña Zenaida; el pobre Uvence, así ataviado, de aquella manera hecho líos con tantos arreos, con tantos avíos, y también por razón de su edad, nada pudo decirme. ¿De dónde diablos me vino el impulso de colgarme de la silla? No lo sabré nunca. Pero lo hice, y el niño se vino estrepitosamente al suelo, en el quedó hecho un asco, entre restos de comida y tepalcates. Atónito me quedé, inmóvil me quedé a mitad de la pieza, en espera de que la tierra se abriera y me tragara. Doña Zenaida, mi tía doña Zenaida, salió de la cocina al escuchar el llanto de su hijo que, en un acceso de berrinche, se revolcaba como a quien hubieran bañado en agua hirviente.

¡Virgen de la Candelaria! ¡Qué cosas oí de mi tía! ¿Cuáles no serían que por años las seguí –las sigo- oyendo? De aquella andanada de injurias, de insultos, de improperios; de aquel alud, torrente, avenida de malas palabras, una pequeñita sobresale, sobrevive entre todas: el posesivo mi, que yo nunca uso referido a cosas físicas, que tengan valor en metálico, económico. Nunca me oirás decir, Alejandro Finisterre, mi casa, mi automóvil, dos cosas que ahora tengo cuando nunca creí que las tendría; me oirás decir mi corazón, mis ojos, mi palabra, porque no están en venta; mis libros puedo decir, porque no está en mi ánimo venderlos, lo que los convierte en cosas despojadas de realidad física. “ ¿Por qué entraste a mi casa?”, gritaba doña Zenaida, ya próxima al desmayo, al patatús. “¿Por qué brincaste mi corral? ¿Por qué estás aquí, si nadie te llamó? Has roto mis trastes. ¿Tiene tu madre con qué pagar mi silla, mis platos, mis tazas¿ ¡Vete de aquí y no vuelvas a poner un pie en mi casa!”.

¡Oh, Dios de misericordia, que me desamparaste aquel día! El sol se ocultó, negra se torno la luz, de luto se vistió el tiempo, de viuda la distancia. La muerte de un hombre, pone a temblar a la tierra; la de un niño, el cielo.

No sé cómo volví a la casa, sólo a unos cuantos pasos, pero aquel día –digo, aquella noche- infinitamente lejana.

¡Tápame mamá! ¡Escóndeme, mamá!, sollozaba yo. Y Martina Henestrosa me tapó, me metió en la cama, en un rincón de la casa, y allí me estuve durante dos días lleno de terror, de vergüenza, de arrepentimientos, de malhallas. Cuando abandoné aquella penumbra, propicia al dolor y a los quebrantos del alma, y volví a la calle, evitaba volver los ojos a la casa maldita, a escuchar los nombres de la tía y del primo; rehuí desde entonces al posesivo mi, y todo logro que me ponga en la coyuntura de usarlo; acaso de ahí mi falta de sentido de la propiedad, el pudor de hablar de centavos, mi inutilidad para ganarlos y la facilidad con que los pierdo, y el gusto con que los gasto, si los tengo. Porque riqueza es gastar alegremente la pobreza. Miseria gastarla a una mano, regateando. Si la riqueza, amigo Finisterre, es conformarse con lo que cada uno tiene, nadie más rico que yo. Si poder gastarlo a dos manos, ninguno más rico que Andrés Henestrosa, amigo Alejandro.

Y ¿qué ocurrió con mi tía Zenaida? Mi tía Zenaida murió muy pronto; la muerte, que a todos nos iguala, vino un día, el menos pensado, “a darle de coscorrones”, como dice el Martín Fierro. Yo salí a la calle a ver su entierro, sin asomo de tristeza, sin lágrimas en los ojos, en pueblos en que es costumbre llorar, aunque no se tenga vela en los entierros. Y ¿qué ocurrió con mi primo Uvence? Mi primo Wenceslao –digo, Uvence- no resultó bueno para cosa alguna, si bien era despierto y despabilado; mi amigo a escondidas, en los pocos días que fuimos a la escuela. Alegre, ocurrente, dicharachero, hacía nuestras delicias en las aulas primarias. Pudiente, montaba bonitos caballos -¿lo oyes?- es él que pasa galopando por la calle; gastaba durante la fiesta de la Candelaria, patrona de mi pueblo, el 2 de febrero; a veces, invitaba a encurtidos y a mistela, primer vino que tomé, sin que lo haya eliminado por completo. Yo digo que son algunas de sus gotas las que, de cuando en cuando, si alcanzo a ser hombre de verdad, suben hasta mis ojos en forma de lágrimas. Terminó Uvence –digo Wenceslao- maestro rural en pueblos apartados; en uno de ellos, sojuzgado por el alcohol, se metió en una bronca y lo mataron con una arma blanca- lo mismito que su tío adoptivo, y mío carnal, hermano de mi padre, ese sí, verdaderamente llamado Wenceslao, aunque le dijeran Vence.

La vida me ha enseñado muchas cosas –pero ¿de veras me ha enseñado algo la vida?-; más no cómo olvidar aquella primera lección. Ella me lleva y me trae; orienta mis decisiones y mi voluntad. Como un viento, me levanta, me inclina, me derriba a su capricho: por encima y por debajo de cuanto hago están las palabras –las tremendas, las descarnadas palabras de Zenaida Ruiz- diré su apellido aproximado.

Por lo que me dijo, no voy a los sitios en donde no me esperan; los abandono si allí se encuentra alguno que pueda no quererme; pido perdón a quien mi presencia incomode; no comparto el techo con quien mi nombre, mi pequeña fama –que ojalá no hubiera alcanzado nunca- pudiera agraviar, para que se sienta a gusto. Porque lo que es a mí, ya no hay pena que me alcance.

Preparado estoy desde niño para el agravio, prevenido contra toda ofensa. Desarmado, en cambio, para todo halago, para toda señal de simpatía. Por eso, Alejandro Finisterre, promovió en mí todo un trastorno sentimental tu invitación, más grata mientras más inesperada. Porque ¿cómo esperar de ti, si apenas nos conocemos, tales muestras de cariño, de amistad verdadera? Una semana hace que me festejaste, pero parece que aún estoy de fiesta. Lleno de espuma, de hervor; quebradizo como el más fino cristal me siento. ¿Cómo pagarte? ¿Cómo decirte que media un abismo entre el ambiente, la atmósfera de tu casa y aquella de la que un día fui arrojado? Si aquel día perdí el Paraiso, en tu casa lo encontré. Y eso es lo que yo quería decirte, querido Alejandro Finisterre.

Un abrazo

México D. F. 29 de diciembre de 1963

Sobre el “mi”

Andrés Henestrosa

Carta escrita a su editor español, Alejandro Finisterre

 

 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Pollo a la Comunera.


Comunero, hombre de palabra, nos deleita (y nos pone los dientes largos) con la foto de su cena. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

El trío La La La


Se aproximan las navidades y la sala bostonclub en un derroche de generosidad jamás conocido en un chat, y para promocionar la sala, ha decidido regalar un jamón para su degustación.

El mismo está patrocinado por Elegante, Res y Pepe Lobo a partes iguales.

Jamón cortijero envasado al vacío y que cumple todas las normas sanitarias. El plástico una vez consumido el jamón se puede usar para darle gusto al cocido.

No incluye soporte jamonero (interes@s consultar precio).

martes, 16 de octubre de 2012

"Vamos a la cama" Antonio Areta (isabel1)

Ha fallecido el padre de la música "Vamos a la cama que hay que descansar...
Polifacético compositor de largo recorrido, el maestro Areta es el creador de reconocibles banda sonoras de cine, series de animación, programas televisivos e incluso de las míticas cabeceras de Movierecord.
Era experto en conectar con el espectador a través de sus creaciones musicales: El Gato con Botas (Cruz Delgado, 1964), El Jardín de la Fantasía (José Ramón Sánchez, 1978), Los viajes de Gulliver (Cruz Delgado, 1983), con la que recibió el Elefante de Plata en el Internacional Chindren Film Festival de la India, o Su alteza la niña (Mariano Ozores, 1962), son algunos de sus más importantes trabajos.
Pero hay dos animaciones televisivas que marcaron especialmente a varias generaciones y que firmó el maestro Areta: Don Quijote de la mancha y, por supuesto, el inolvidable Vamos a la cama de la Familia Telerín, que creó junto a Máximo Barata.
Un recuerdo y gracias por tu música.

jueves, 30 de agosto de 2012

Expropiando a Gordillo.‏


  La noticia se ha producido...y BostonClub se lo cuenta ...El líder y parlamentario regional Sanchez Gordillo...ha sufrido la expropiación forzosa de su Iphone. Es decir, !se lo han robado! Algún obrero pensaría que habiendo sido pagado por el pueblo y siendo él parte del pueblo sería lo normal que lo compartiera. El compañero Gordillo lo ha denunciado en comisaría. Preguntado el "Guerrillero del Super" sobre éste hecho...y la incautación de cosas por el pueblo respondió: !!Esto No, que ésto es mío, Coño!!.

 

viernes, 24 de agosto de 2012

El Cristo de Borja. (Carlotta)

Se ríen por lo bajini de su "hazaña", la noticia ha llegado hasta rusia y más lejos que alcanzará, fijo... el correo lleno de las distintas versiones de como el Cristo de Borja ha quedado hecho un idem... pero la he escuchado, la he visto explicándose y me inspiró una ternura qué ríete tú del osito mimosín... ni un ápice de culpa o de sentir que había hecho algo mal hecho. El rostro limpio e impoluto de pensar que ha cometido un "desliz";  maquillado con la sensación del deber cumplido: el que uno mismo se impone. La nobleza y la honestidad enmarcan, como dos cejas perfectas, su rostro; y aunque las buenas intenciones no siempre sean las mejores, yo desde este mismo momento me declaro su fan incondicional  y espera que no abra una página en feisbuk que diga "mujeres que se pintan como el cristo de  Cecilia Giménez".... porque lo hizo a la vista de todos y ahora la acusan por lo bajini y no tan bajini con el dedo,  sin pensar en los tres que señalan hacia ellos, los delatores. Y se ríen de mi Ceciliaaaaaaaaa y eso no lo consiento yo..... ..porque ha hecho famoso a un fresco (pintura en la pared,  se me entienda) que la inmensa mayoría no conocíamos (yo no conocía démese por confesada  y me doy sendos golpes pecheros entonando el mea culpa) y los vecinos de su pueblo ya se friegan las manos con los emolumentos que va a generar de turistas curiosos... y hay quien ya está haciendo negocio/agosto (nunca mejor dicho)  con las camisetas y sus sendos montajes..... y es que adoro a mi país y más a sus gentes...si hay otra vida, de entrada le pido que sea por lo menos igual que ésta aunque mejoradica un poco de aquí y otro de acullá, si me puede dejar la señora cigüeña en una casa que tenga 12  cuartos de baño y diez mayordomos musculados y morenazos todos ellos,  pues que agradeceré el detalle pero que esa casa/chalet/palacio/peasochosaquetedefecas, que esté ubicada en mi eppaniaaaaaaaa querida..
          http://www.huffingtonpost.es/2012/08/22/cristo-borja-fotos_n_1821875.html

viernes, 29 de junio de 2012

NOCHE DE REYES (ANÓNIMO)

Todavía recuerdo con nostalgia, cariño y una cierta rabia aquella noche de Reyes en que tendría unos nueve años y mi hermana cuatro menos.
Se acercaba la noche mágica para los niños y a medida que se avecinaba la fecha, la ilusión iba en aumento día a día.
Contábamos las horas y hacíamos nuestros pronósticos sobre qué nos traerían y la cantidad de juguetes que esa noche recibiríamos. La noche de Reyes, la abuela nos acostó temprano, no nos dejó echarnos la siesta como de costumbre, así podríamos acostarnos pronto como ella quería. Así lo hicimos, pero la emoción era tan grande....que a pesar que intentamos dormir, apretando fuerte los ojos, no pudimos, aunque al final el sueño nos venció. Era aún de noche, cuando unas sacudidas me despertaron. Era mi hermana que me zarandeaba para que nos levantáramos. Seguramente ya han pasado los Reyes me decía. Y sin pensarlo dos veces nos levantamos...despacito... despacito, sintiendo el frío del suelo en nuestros pequeños pies y nos fuimos acercando hasta el comedor. Estaba oscuro pero, por el cristal del balcón, se filtraba la luz tenue de una farola, así la oscuridad era menor. Fuimos tanteando con miedo que nos oyeran, sobre todo la abuela y encima de la mesa, los bultos fueron cobrado formas: dos muñecas, una cocinita, cacharritos, dos carteras, dos plumieres, calcetines y algunos caramelos. Anís y Coñac para los Reyes.
Contentas por lo que habíamos visto, nos fuimos corriendo a la cama, ahogando nuestras risas, por si se despertaban y nos reñían, así abrazadas esperando que el día llegara pronto caímos en el sueño.... Un grito de la abuela, nos despertó, y nos instaba a levantarnos. ¡Habían llegado los Reyes!... saltamos de la cama corriendo, ahora podíamos ver a la luz del día los juguetes que nos habían dejado, la muñeca, los cacharritos, las carteras.....

Desayunamos corriendo y la abuela nos arregló, nos puso el vestido de los domingos, y con un frasco pequeño, bajamos a la droguería de Paquita, a por dos pesetas de colonia. ¡Perfumadas y con las galas de los domingos nos fuimos a la calle! ¡Teníamos que lucir aquellos hermosos regalos! Mientras esperábamos a las demás niñas que bajaran, yo miraba a mi muñeca ¡Qué bonita era! No tenia vestido, pero ella me dio un trapo bien bonito con que arroparla. Yo la llevaba fuertemente cogida contra mi corazón, hacia frío y no quería que ella lo pasara. Poco a poco fueron llegando las niñas, todas contentas, nos mostrábamos los distintos juguetes. Las niñas, los muñecos y los niños, los coches, pistolas o balones. Por fin apareció Maribel, era una niña más afortunada que el resto de nosotras, su papa era militar y ella la pequeña de un montón de hermanos ya mayores, bajó contenta, con su mejor vestido y sus zapatos de charol negros, empujando un gran coche de capota azul oscuro, de ésos de estilo ingles, con grandes ruedas muy brillantes. Dentro estaba el muñeco más bonito que jamás había visto. Tenía los ojitos de un azul cielo, cubría su cabecita un gorrito de lana azul y blanco por donde se veían los rizos de un pelo rubio, y lo anudaba bajo su barbilla con un gran lazo azul.
Un gran faldón cubría su cuerpo estaba lleno de jarretas bordados lazos y encajes, asomaban unos pequeños patucos de lana del mismo color que el gorrito. Muy abrigadito dormía calentito en su cuna con sabanas mantas y ¡¡¡¡hasta colcha!!!!

Todo hacia juego, maravillada, miré a mi pobre muñeca, arropada con un trapo. ¡¡¡¡Aquello no era lo que yo había pedido los REYES MAGOS!!!! Había escrito la carta de mi puño y letra, donde les ponía que me trajeran una muñeca bonita.... Pensé que injustos habían sido conmigo..
Había sido una niña buena. Hacía los recados, iba a por el pan antes de ir al colegio, todo lo que me mandaba la abuela, lo hacia, hasta dos veces fregué el suelo de rodillas cuando la abuela se rompió el tobillo!!!!
Algo había hecho mal para que no me trajeran cosas tan bonitas como a Maribel....

Con el tiempo y el colegio aquello se fue pasando, pero en mi corazoncito tenia la esperanza que al siguiente año, quizás si me portaba mejor tendría un coche y un muñeco como el de Maribel. Me esforcé como nunca ese año, hacía los recados sin protestar, cuidaba de mi hermana, obedecía, etc... etc...Por fin la fecha se fue acercando, mis compañeras de colegio ya estaban haciendo planes para ver que pedían ese año. Sin embargo algo iba a cambiar y rompería esas ilusiones, mi compañera de mesa, lo tenia muy claro, y cuando yo hablaba sobre lo que me gustaría que me regalaran los Magos, ella me decía...¡¡¡No te lo traerán!!!!- me comentaba muy segura, eso vale mucho dinero y tu madre y tu abuela no podrán pagarlo!!!. La miré fijamente asombrada y la contesté...¿ Como van a ser mis padre? ¡¡son los Reyes Magos!!!! ¡¡no los padres!!!..-¡¡Que tonta eres!!!!.- me replicó.-los Reyes son los padres, y como no tienen dinero no te traen lo que siempre pides, o ¿no te has dado cuenta? te compran cualquier cosa y con eso te conformas, Acaso no has visto en la juguetería cuando vas a comprar el pan, un cartelito que pone """se apartan juguetes para Reyes""", claro que había visto ese cartel, pero no sabia qué quería decir, pues los padre.- prosiguió.-van allí, escogen los juguetes, y después los van pagando poco a poco...
Aquella afirmación, no podía ser cierta!!!!.Los REYES ERAN MAGOS, y como tal, podían traerte los que les pudieras,,, si eras muy muy buena.
Además mis padres eran pobres, mi abuelo era barrendero, y mi madre hacia calzoncillos con mi abuela para una tienda, además mi padre se separó de mi madre, por eso vivía con mi abuela y mi hermana. La confesión sembró mis dudas. y si fuera verdad??? pensaba. Al día siguiente cuando regresaba de comprar el pan...me paré en el escaparate de la juguetería, ¡allí estaba el maldito cartel!!!!
""SE APARTAN JUGUETES PARA REYES". Muy bien puesto, en un lugar del escaparate que se viera bien. Tenía razón. Ese año pensaba descubrirlo, estaba dispuesta. Escribiría la carta como todos los años e hice hincapié sobre el dichoso cochecito y el muñeco y además agregué muchas más cosas, esperando a ver que pasaba. Había sido muy buena, me dijo la abuela, cuando yo le pregunte sobre los Reyes... entonces no había más que esperar a que llegara esa noche,,,
Por fin llego la ansiada noche, mi hermana no sabia nada, sin embargo cumplimos el ritual... nos acostamos pronto, y ella se durmió enseguida, yo por el contrario fingía dormir. Al cabo de mucho rato, entró mi madre, nos arropó nos dio un beso y salió, dejando la puerta un poco abierta. Oí que hablaba con la abuela...-ya están dormidas madre!!! Vamos a colocar todo y nos acostamos!!!¿Te parece bien? la abuela debió de asentir porque al ratito sentí jaleo de papeles y envoltorios, me levanté despacio...y ví cómo estaban colocando los juguetes,,, con la mirada clavada en ellos, no vi el coche ni el muñeco como el de Maribel..¡¡.DIOS MIOS!!! ¡¡Qué desilusión!!! Mi amiga tenia toda la razón, ¡¡¡eran los padres!!!, ahora entendía porque nunca me traían lo que pedía, mis juguetes deseados, pues en casa de los abuelos no sobraba el dinero, entonces comprendí muchas cosas. La abuela nunca me daba dinero para comprar el pan ni en la tienda del señor Taquines, siempre iba con un cuadernito donde la panadera y el de la tienda apuntaban lo que me llevaba,al final del mes la abuela pagaba todo, y así vuelta a empezar, eso lo he comprendido con el tiempo, se compraba fiado.
De todo esto, deduje que los Reyes eran una gran mentira, y aunque a los niños nunca se les debe mentir, también entendí con el tiempo, que para ellos era un gran sacrificio que nosotras tuviéramos esos humildes juguetes,esto me causó un trauma a lo largo de mi vida. Cuando tuve a mis hijos, me prometí a mí misma que ellos no pasarían por lo que yo pasé, desde muy pequeños supieron que nosotros éramos los encargados de comprarles los Reyes, y siempre los han tenido, jamás les han faltado, unas veces mejor a otras, pero ellos eran conscientes que aquellos regalos salían de nuestro bolsillo, no de unos Magos, que encima se llevaban todo el mérito, sin poner un duro, y cuando no había mucho dinero y teníamos un presupuesto,,se acataban a él, con toda su responsabilidad. Siempre he llevado la tradición de festejar ese día, nunca han faltado los regalos que esperamos con ilusión, pero ahora que ellos son mayores, siguen con la forma tradicional, cosa que yo respeto, y cuando viene a mi casa a recoger sus regalos, y veo esas caritas de ilusión, porque tienen lo que han pedido, todo no lesfalta de nada pues me alegro que sea así, quizás yo sin querer haya roto un poco la ilusión de mis hijos, y por eso les pido perdón desde este relato verídico, que me causó un cierto dolor ... por cierto una año tuve un muñeco como el que soñaba....pero eso es otra historia....

-Anónimo-